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[Revista] Desperta Ferro

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Mensaje por Timoleon el Mar 29 Abr 2014, 16:24

DF Antigua y Medievial nº 23: La Primera Guerrra Judeo-Romana


Judea, un polvorín por Neil Faulkner. En este artículo introductorio el doctor Faulkner (Universidad de Bristol) analiza la situación socio-económica de Judea en el periodo inmediatamente anterior a la revuelta frente a Roma, tratando con ello de explicar las razones del descontento que finalmente condujo a la rebelión: la creciente presión fiscal sobre el campesinado judío que conducía a muchos al bandidaje, la usura de los prestamistas, la polarización económica de los distintos sectores de la población, la identificación del invasor como garante de estas injusticias, y todo ello en un ambiente intelectual milenarista alimentado por líderes político-religiosos de carácter mesiánico que proclamaban la liberación de los oprimidos (entre los que el autor identifica al propio Jesús). La unión de todos estos factores fue lo que produjo la “fusión revolucionaria” (en palabras del autor), que desembocaría en una crudelísima y prolongada guerra espoleada tanto por la inequidad social como por la promesa religiosa de liberación. Mapa de Carlos de la Rocha de la Judea en el periodo anterior a la revuelta, señalando los principales focos de rebelión.


Sectas y mesianismo por Eduardo Pitillas Salañer. Si el artículo anterior (Faulkner) atendía principalmente al análisis del panorama socio-económico de la Judea de tiempos de la revuelta, el presente artículo analiza el protagonismo de lo trascendente en la configuración –y división– de la sociedad judía del periodo. Esenios, fariseos, saduceos, zelotes y sicarios son algunos de los grupos político-religiosos analizados por el autor, señalando sus similitudes y diferencias tanto doctrinales como de actitud ante la ocupación romana. Finaliza el artículo con un análisis del concepto de mesianismo, de gran importancia en este contexto. En la imagen vemos uno de los denominados “textos de Qumrán” hallados en el lugar homónimo, y pertenecientes con toda probabilidad a una comunidad de esenios allí establecida.


Aislar Jerusalén: la estrategia de Vespasiano en Judea por Fernando Quesada Sanz (Univ. Autónoma de Madrid). En este artículo el profesor Quesada describe la situación en el momento de estallar la revuelta judía, y los distintos pasos dados por la autoridad romana -bien medidos en términos estratégicos- encaminados a la supresión de la misma. La estrategia del general -y pronto emperador- Vespasiano, a quien se encomendó esta tarea, consistirá en un ataque lento, metódico e individual de cada bolsa separada de rebeldes, aprovechando su división. Paralelamente ello le permitirá aislar Jerusalén de toda ayuda exterior, cuya dificultosa expugnación se dejaría para los términos finales de la campaña. Mapa de Carlos de la Rocha.


Moriremos en julio: los asedios de Jotapata y Gamala por Mordechai Aviam. El célebre historiador Flavio Josefo no sólo fue el autor de dos obras clave para la comprensión de esta guerra, sino que además lideró la revuelta judía en la zona de Galilea (al norte de Judea), donde se libraron estos asedios. En este artículo el arqueólogo israelí Mordechai Aviam, responsable durante once años de la arqueología de Galilea occidental y director de las excavaciones en el yacimiento de Jotapata, nos ofrece una detallada descripción de los asedios de las ciudades de Jotapata y Gamala, expugnados por las tropas romanas tras durísimos combates. Para ello, el autor contrasta el testimonio del historiador Josefo con los hallazgos efectuados por él mismo y sus colegas en el curso de las investigaciones arqueológicas de las últimas décadas, con conclusiones sorprendentes. En la imagen, pequeñísimo detalle de la impactante y detallada ilustración a página completa del asedio de Gamala, por Antonio Jesús Gil Ortega.


Apocalipsis. Asedio y toma de Jerusalén (70 d. C.) por Edward Dabrowa (Universidad Jaguelónica). En este artículo el profesor Dabrowa desgrana, paso a paso, la -a un tiempo épica y espantosa- sucesión de eventos que acontecieron durante el prolongado y durísimo asedio de la ciudad hebrea, que por su violencia y relevancia no solo supuso el momento culminante de la guerra sino un hito en la Historia. El artículo ha sido provisto de un potente aparato gráfico consistente en dos magníficas vistas aéreas, cada una a doble página, la primera de las cuales representa Jerusalén en el periodo anterior a la revuelta (con indicación de monumentos y edificios principales), la segunda la misma ciudad durante el asedio romano (con indicación de la sucesión de eventos y destrucciones). El contraste entre ambas es sobrecogedor. En imagen vemos un pequeño detalle de esta segunda ilustración, de la mano del ilustrador Jorge M. Corada. Además, acompañan al artículo otra estupenda ilustración de Ángel García Pinto que representa un episodio anecdótico acontecido durante la toma de la explanada del Templo, así como una dramática reconstrucción (del ilustrador Ganbat Badamkhand) de las matanzas que acompañaron al desenlace del asedio.


Dramático final: los asedios de Maqueronte y Masada por Gwyn Davies (Florida International University). El arqueólogo y profesor Davies, experto en asedios romanos, tema al que ha dedicado varias publicaciones, es sin duda uno de los mayores conocedores mundiales en los asedios objeto de este artículo. En este nos ofrece tanto una narración del desarrollo de los asedios de estas dos poblaciones judías, como un detallado análisis de las obras de asedio (circunvalación, rampas, uso de artillería, fortificaciones…) aplicadas por las tropas romanas en ambos casos. Acompañan al artículo sendos mapas que muestran, con gran claridad, las obras de asedio de Maqueronte y Masada, composiciones ambas de Carlos de la Rocha.


Y además, introduciendo el n.º24:

Los dos imperios y el triunfo de los árabes por José Soto Chica. ¿Por qué triunfaron los árabes? ¿Por qué sus ejércitos arrollaron a los de Persia y Bizancio? …son las preguntas que el autor se hace al inicio de este artículo. El autor señala la debilidad de estos imperios a causa del agotamiento producido por el prolongado conflicto que sostuvieron durante décadas, y señaladamente durante los años 603-628 d. C. Además, los árabes impusieron un género de guerra para el que los imperios bizantino y persa no estaban preparados. Estos y otros argumentos son analizados en este interesantísimo artículo sobre un momento crucial de la Historia tanto de oriente como de Occidente. En la imagen, mapa de Oriente con indicación de los territorios controlados  o disputados por bizantinos y sasánidas, con indicación también de la expansión islámica inicial, composición de Carlos de la Rocha.


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Re: [Revista] Desperta Ferro

Mensaje por Timoleon el Miér 30 Abr 2014, 09:38

DF Contemporánea nº 3: La Guerra del Yom Kippur, 1973



El legado de la Guerra de los Seis Días por Thomas G. Fraser (University of Ulster). La crisis de 1967 había demostrado de forma meridiana el grado de volatilidad que había alcanzado la situación en Oriente Medio. El mundo árabe nunca había aceptado la partición de Palestina y el establecimiento del Estado de Israel en 1948, mientras que este no veía motivos por los que su existencia no debiera ser reconocida y salvaguardada. La cuestión fundamental, por tanto, era si se llegaría a algún tipo de acuerdo de paz tras la guerra. Las esperanzas en una solución diplomática eran sombrías: la contundente naturaleza de la derrota árabe no les predisponía a hacer concesiones, mientras que Israel, hasta entonces rodeado por ejércitos árabes hostiles, era reacio a alcanzar compromisos.


Egipto: de Nasser a Sadat por Gennaro Gervasio (The British University in Egypt). Existe un gran consenso historiográfico en considerar que la Guerra de Octubre de 1973 fue un verdadero punto de inflexión en la historia del Egipto contemporáneo porque, la que el régimen se apresuró en definir como una “victoria”, permitió a Anwar el-Sadat apartarse de la alargada sombra de su predecesor, desaparecido trágicamente apenas tres años antes. Si bien es innegable que solo el estatus de “héroe del cruce” (batal al-‘ubūr) permitiría a Sadat realizar sus planes para “el nuevo Egipto” post-nasserista, el presente artículo pretende demostrar que, tanto a nivel de política interna como en un plano internacional, Sadat no solo manifestó ya sus intenciones con anterioridad a la guerra sino que, en algunos casos, es posible trazar una continuidad entre el “Nasser derrotado” posterior a 1967 y las políticas de su sucesor, pese a que hoy buena parte de estudiosos y periodistas –como los partidarios de ambos ex presidentes– sostengan lo contrario.


Fuerzas de Defensa de Israel. Organización y doctrina, 1967-1973 por Dov 3Glazer (Begin-Sadat Center). Cuando estalló la guerra el 6 de octubre de 1973, las FDI fueron cogidas desprevenidas en más de un aspecto. El fracaso de la inteligencia en identificar la amenaza estratégica y operacional en el Sinaí y el Golán supuso que no pudieran desplazar tropas suficientes a los frentes para encarar el ataque. La total confianza árabe en los misiles antiaéreos y contra-carro permitió que se anulara la manifiesta superioridad aérea y la  maniobrabilidad terrestre israelíes. Sin embargo, a todo ello se sumaron los errores doctrinales en numerosos aspectos de planificación y ejecución de las operaciones, una “doctrina de combate” que pesó hondamente sobre las FDI. Al menos, el ejército demostró excelencia en un aspecto: extraer lecciones durante la batalla. Así, aunque las fuerzas terrestres habían olvidado cómo emplear las fuerzas acorazadas en conjunción con la infantería, la artillería y demás unidades, se vieron obligadas a aprender la lección de nuevo.


Guerra en el Sinaí. El frente sur por Benny Michelsohn. La guerra comenzó simultáneamente en dos frentes –Siria al norte y Egipto al sur– el día del Yom Kippur de 1973, 6 de octubre, a las 14.00 horas y las tropas israelíes apostadas en las fronteras, en su mayoría fuerzas acorazadas regulares, hubieron de enfrentarse a unos contingentes que les superaban varias veces en número. La principal conmoción para el Tsahal tuvo lugar a lo largo del canal de Suez, donde el ejército egipcio ejecutó su plan de asalto con eficiencia y habilidad y, tras un cruce relativamente sencillo durante la tarde, logró superar las defensas israelíes en la orilla oriental y penetrar cerca de 5 km en el Sinaí.


La Unión Soviética y la Guerra de Octubre por Uri Bar-Noi (Bar-Ilan University). La historiografía contemporánea sostiene que la Unión Soviética no fue instigadora directa del ataque simultáneo de Siria y Egipto contra el Estado de Israel del 6 de octubre de 1973. Una vez iniciadas las hostilidades, trazó una estrategia política diseñada para minimizar el riesgo de una derrota árabe y también de una confrontación entre superpotencias. A pesar de ello, sí queda demostrado que el Gobierno soviético tuvo cierta responsabilidad en el estallido de la guerra. Su política dual en los asuntos de Oriente Medio, orientada a resolver el dilema de cómo armar a los árabes y ayudarles a alcanzar la paridad militar con Israel, mientras mantenía una fuerte influencia sobre ellos para prevenir que se desencadenara otra confrontación que pudiera poner en riesgo sus intereses regionales e internacionales, redujo considerablemente su capacidad para evitar la Guerra del Yom Kippur.


Frente sirio: el espejismo de octubre por Eyal Zisser (Tel Aviv University). La Guerra de Octubre de 1973 fue un hito emblemático en la historia de la Siria moderna, que forjó su destino con sus propias manos en vez de dejarlo a merced de terceros, como había ocurrido hasta entonces. El ejército sirio demostró ser un digno adversario de las fuerzas israelíes e incluso consiguió logros significativos en los primeros compases de la campaña que, aunque breves, fueron suficientes para borrar la mácula de la derrota en la Guerra de los Seis Días. No resulta sorprendente, por tanto, que el 6 de octubre, día en que estallaron las  hostilidades, fuera declarado fiesta nacional en conmemoración de los milagrosos logros de la Siria de Hafez al-Asad durante y después de la guerra. Sin embargo, Siria finalmente fracasó, a diferencia de Egipto, en sus esfuerzos de mantener en el tiempo los éxitos militares obtenidos al comienzo de la contienda y, lo que es peor, fue incapaz de traducir dichos logros en ventajas políticas (la devolución de los Altos del Golán, por ejemplo) tras el cese de las hostilidades.


La batalla de la Granja China. Punto de inflexión en el Sinaí por Fernando Quesada (UAM). Cuando en junio de 1967 el Tsahal ocupó el Sinaí y llegó hasta el canal de Suez, sus soldados encontraron en el tramo situado entre Ismailía y el Gran Lago Amargo un amplio complejo agrícola experimental abandonado. Interpretando erróneamente los caracteres japoneses de los letreros de la maquinaria, el lugar fue llamado la “Granja China”. La tropa que bautizó así el lugar no imaginaba que este complejo de edificios y canales de irrigación, dominados al norte por la colina llamada en clave Missouri (Talata para los egipcios), se convertiría, entre el 14 y 18 de octubre de 1973, en el escenario del que iba a ser el combate más feroz de la Guerra del Yom Kippur.


Un largo y complejo proceso de paz por Asaf Siniver (University of Birmingham). Israel, Egipto y Siria se hallaban exhaustos militarmente tras tres semanas de combates, la ayuda militar soviética a sus socios árabes resultó insuficiente y el dilatado historial de ineficacia diplomática de Naciones Unidas en la región la convertía en una mediadora inadecuada. Bajo la dirección del secretario de Estado Henry Kissinger –el presidente Nixon estaba enfrascado en la crisis del Watergate que le conduciría a la dimisión en agosto de 1974–, la política exterior norteamericana tras el conflicto descansaba en varias exigencias apremiantes: rehacer las relaciones con el mundo árabe después de haber apoyado a Israel durante la guerra; levantar el embargo de petróleo que paralizaba la economía global; reducir al mínimo la influencia soviética en la región y cimentar el papel de Estados Unidos, por primera vez en la Guerra Fría, como principal potencia extranjera en Oriente Medio.


Los palestinos y la guerra por Nigel Parsons (Massey University). El pueblo palestino, disperso y con condición de refugiado, tuvo que encarar la Guerra de Octubre de 1973 en frentes diferentes, a pesar de que Palestina no fue un teatro de operaciones activo. El territorio de la Palestina pre-1948 sufrió algunos bombardeos, al convertirse el norte de Israel en objetivo de las guerrillas de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) que operaban desde el Líbano. Los territorios ocupados de Cisjordania y la Franja de Gaza, capturados por Israel en 1967, sufrieron una limitada pero progresiva insurgencia contra la presencia israelí, mientras que la cúpula de la OLP en Beirut hizo una modesta aportación a los combates en los frentes sirio y egipcio. En comparación con los desastres de 1948 y 1967, la repercusión de 1973 para Palestina desde el punto de vista militar fue reducida, pero el significado político resultó trascendental.


Y además, introduciendo el n.º 4:

Madrid, 1936. Embiste acorazado por Juan José Oña (CISDE). El espíritu de la lucha acorazada irrumpirá en España durante la Guerra Civil forjado por unas experiencias que influirán, en diversa medida, en las doctrinas militares europeas y que anticiparán las que se darán a gran escala en la Segunda Guerra Mundial. A la vez, la presencia de los vehículos soviéticos, italianos y alemanes, con sus respectivos instructores y diferentes ópticas de empleo, transformará la concepción hispana de lo bélico y proporcionará al  ejército español, hasta entonces afín a la mentalidad francesa, una idiosincrasia distintiva en cuanto a la maniobra acorazada.


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Re: [Revista] Desperta Ferro

Mensaje por Timoleon el Miér 28 Mayo 2014, 08:54

DF Moderna nº 10: 1714. El fin de la Guerra de Sucesión Española


Cataluña abandonada por Agustí Alcoberro (Universitat de Barcelona). En la primavera de 1713 en Cataluña pintaban bastos. El 20 de marzo de 1713 la reina emperatriz Isabel Cristina de Brunswick-Wolfenbüttel zarpó del puerto de Barcelona rumbo a Génova y, de allí, a Viena, la capital imperial, donde le esperaba su esposo, el emperador Carlos VI, el rey Carlos III para sus seguidores hispánicos. Mapa de Carlos De La Rocha.


Gran Bretaña y Cataluña (1705-1714) por Christopher Storrs (University of Dundee). La “Revolución Gloriosa” de 1688, en la que Jacobo II de Inglaterra (y VII de Escocia) fue destronado y reemplazado por su hija, María II, y su marido, Guillermo de Orange, o Guillermo III, modificó sustancialmente la situación geoestratégica de Inglaterra (Gran Bretaña tras la unión de esta con Escocia en 1707) en Europa. Este hecho tuvo profundas consecuencias para Cataluña.


Los últimos austracistas. El ejército de Cataluña por Xavier Hernández (Universitat de Barcelona) y Francesc Riart. El territorio catalán está situado en una región geográfica de alto interés estratégico, a caballo entre la península ibérica y el resto del continente europeo. Por ese motivo los catalanes crearon una organización militar que les permitía defenderse en este contexto de continuada conflictividad. Dibujos de Pablo Outeiral.

El Once de Septiembre en la historiografía por Oscar González Camaño. En mayo de 1714, en pleno apogeo del bombardeo del duque de Populi sobre Barcelona, el fraile capuchino Manel Soler escribió: “lo estrago no es pot dir, però d’avui a tres-cents anys se’n recordarà” (“la catástrofe es indescriptible, pero se recordará en trescientos años”). Un augurio que no podía ser más certero tres siglos después.


Populi y el desafío de Barcelona por Xavier Hernández y Xavier Rubio. El día 25 de julio de 1713 un ejército español comandado por el duque de Populi y compuesto por unos 20 000 soldados alcanzó el llano de Barcelona. La perspectiva general mostraba una precaria situación para las autoridades catalanas, que aparte de Barcelona tan solo controlaban Cardona como punto geoestratégico clave. Dibujo de Ángel García Pinto. Mapa de Carlos De La Rocha.

Jorge Próspero Verboom en el sitio de Barcelona por Juan Miguel Muñoz Corbalán (Universitat de Barcelona). Con toda  seguridad, el apresamiento de  Verboom en la batalla de Almenar el 27 de julio de 1710, tras haber sufrido dos heridas de espada durante el combate frente a las tropas austracistas del mariscal de Stahremberg, fue uno de los factores determinantes para el éxito borbónico final en la Guerra de Sucesión de España. Mapa de Carlos De La Rocha.


Once de Septiembre de 1714. El asalto de Barcelona por por Xavier Rubio. La primavera de 1714 se presentaba prometedora para las Dos Coronas borbónicas. La situación internacional vivía un momento de calma, en la que Luis XIV tenía las manos libres para ayudar a su nieto en la guerra contra los catalanes. Barcelona debía ser sometida rápidamente ya que el período de paz internacional, como todos los de la época, no duraría demasiado. Especialmente  relevante era la situación de la Corona británica, ya que si los whigs accedían de nuevo al gobierno optarían por reabrir el conflicto con Francia. Si eso ocurría, Barcelona, sostenida por la flota inglesa de Menorca, podía volver a convertirse en una peligrosa cabeza de puente al corazón de los dominios borbónicos. Mapa de Carlos De La Rocha.

Lecciones del asedio de Barcelona (1713-1714) por Albert Garcia Espuche. En general, en una sociedad en crisis se aprecian mejor algunos de los elementos que la caracterizan. Analizar el período del asedio de Barcelona de 1713-1714 resulta muy eficaz para apreciar rasgos de la sociedad que lo sufrió, unos rasgos que no son fáciles de ver o de valorar en su justa medida si se observan tan solo los años de calma.


Un capítulo olvidado. El exilio austracista por Virginia León Sanz (Universidad Complutense de Madrid). El 11 de septiembre de 1714 supuso el inicio de una nueva etapa no solo para los catalanes, sino para todos aquellos que habían apoyado al archiduque, proclamado con el título de Carlos III en la Corte de Viena en 1703.

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Re: [Revista] Desperta Ferro

Mensaje por Timoleon el Miér 28 Mayo 2014, 17:52

Desperta Ferro Especial V: Los Tercios en el siglo XVI



El regreso de las legiones por Eduardo de Mesa Gallego (Universidad Autónoma de Madrid). Las legiones fueron la institución militar por excelencia de la Edad Antigua; con ellas Roma conquistó toda la cuenca mediterránea e impuso la Pax Romana durante siglos. Más de mil años después los tercios, que usarían estas como inspiración, desarrollarían sus mismas características marciales, aunque yendo más allá para brindar a la Monarquía Hispánica el primer imperio a nivel global.


El origen de los tercios por Hugo Vázquez Bravo (Universidad de Oviedo). En las últimas décadas del siglo XV, justo en la transición entre las edades Media y Moderna, se produce la culminación del proceso que determinará en mayor medida la evolución de los ejércitos europeos. Nos referimos a la consolidación del poder real sobre la nobleza y el surgimiento de las monarquías autoritarias. Es entonces cuando se considera que nace el Estado Moderno, el cual tiene como señas de identidad tres elementos que, reestructurados por completo e íntimamente ligados, para nada recuerdan a las realidades anteriores: la administración, el ejército y el fisco. Dibujos de Breogan Álvarez.


◾Los tercios durante el siglo XVI por René Quatrefages. Los tercios se convirtieron en el componente más importante de los ejércitos de la Monarquía Hispánica desde que fueron creados en 1536. El reputado historiador René Quatrefages realiza un extenso análisis de las razones que condujeron a estas unidades militares a alzarse como la élite de la infantería del siglo XVI y a regir los campos de batalla de Europa a través de sus armas. Dibujos de Breogan Álvarez.

El soldado noble de los tercios. Entre el mito cultural y la realidad interesada por David García Hernán (Universidad Carlos III de Madrid). esas distinciones se irían transmitiendo de generación en generación a partir del vehículo transmisor de esas cualidades que era la sangre, el linaje.


El reclutamiento en el siglo XVI por Antonio José Rodríguez Hernández (UNED). El laboratorio de las guerras italianas a inicios del siglo XVI enseñó a los Reyes Católicos que los modelos tradicionales de levantamiento de huestes utilizados en la Reconquista no eran válidos para emprender acciones ofensivas en lugares distantes. La Guerra de Granada, que finalizaba la Reconquista, había tenido claros signos de modernidad –como el uso de la artillería o la introducción de las armas de fuego portátiles– pero en cuanto a métodos de movilización militar seguía siendo una contienda puramente medieval. Dibujos de Pablo Outeiral.

La sanidad militar española en el siglo XVI por Manuel Gracia Rivas (Centro de Estudios Borjanos). A lo largo del siglo XVI, los tercios españoles dispusieron de un eficiente apoyo sanitario que, sin lugar a dudas, fue el mejor estructurado de su época, debido en gran medida a la dilatada tradición existente en este ámbito en los reinos peninsulares desde la Edad Media.


Los frentes militares, por Davide Maffi (Università di Pavia). Los Austrias reinaron durante dos centurias de hierro marcadas por continuas guerras y un ininterrumpido fragor de las armas. Estos incesantes enfrentamientos marcaron la vida de la España de ese tiempo al forjar una sociedad castrense en la que los recursos humanos y financieros fueron movilizados para hacer frente a las emergencias que aparecían sin interrupción y crear una nueva ideología bélica. Mapas de Carlos De La Rocha.

La atracción de Italia para los soldados españoles de la Monarquía en el siglo XVI por Luis Ribot (UNED / Real Academia de la Historia). El ejército de los Austrias en el siglo XVI era esencialmente de intervención, lo que implica que tanto sus principales unidades como la mayoría de sus componentes se hallaran fuera de España, allí donde eran precisos para hacer frente a sus enemigos. Hasta la paz de Cateau-Cambrésis (1559), Italia fue uno de estos escenarios, pero a partir de entonces, sólidamente asentados en ella tanto el dominio directo sobre varios territorios como una especie de protectorado sobre buena parte de los demás, la actividad bélica se desplazó a otros ámbitos, y en especial a los Países Bajos desde el inicio de su revuelta en 1567.


Los tercios vistos por los soldados escritores por Elena Martínez Oyarzábal (Comisión española de Historia Militar). Gran parte del conocimiento que se tiene en la actualidad de los Tercios se debe a que, tanto su organización como los hechos de armas que protagonizaron generaron, ya en su época, gran diversidad de documentación oficial y suscitaron un enorme interés histórico, artístico y literario que quedó plasmado en todo tipo de obras de arte y en la redacción y publicación de libros de los más diversos géneros. Todas estas manifestaciones son, desde hace ya un tiempo, consideradas por los historiadores como fuentes complementarias y una prolongación natural de la labor de archivo.

Los tercios en combate. Organización y tácticas de los ejércitos de la Monarquía Hispánica en el siglo XVI por Eduardo de Mesa Gallego (Universidad Autónoma de Madrid). Los ejércitos de los Austrias estuvieron compuestos por diferentes tipos de unidades, tanto de infantería como de caballería, en los que los tercios españoles fueron una minoría, aunque siempre considerados como la élite y el soporte principal de la efectividad y eficacia militar de su maquinaria bélica. Dibujos de Jorge Martínez Corada.


Ganar el cielo a lanzadas y cuchilladas. La religión de los tercios por José Javier Ruiz Ibáñez (Universidad de Murcia). En una época en la que Europa se desangró por innumerables conflictos religiosos, no es extraño que los soldados españoles estuviesen imbuidos de un profundo sentido religioso que los hacía lanzarse a una muerte segura en pos de la defensa de su fe. Sin embargo, también fueron capaces de realizar acciones horrendas opuestas totalmente a su credo. Una dualidad que muestra la realidad de dicho siglo.

Operación anfibia en Flandes, por Alberto Raúl Esteban Rivas. La imagen tradicional de los Tercios de Flandes se asocia a grandes masas de piqueros que avanzan bravamente al encuentro del enemigo. Sin embargo esto no refleja la enorme versatilidad de aquellos hombres que combatían en unas condiciones durísimas, en una tierra inhóspita, superados por el enemigo y faltos de dinero, víveres y otros recursos. Las acciones anfibias de la isla de Schouwen son un claro ejemplo de la capacidad operativa de aquellas unidades. Dibujos de Ángel García Pinto. Mapas de Carlos De La Rocha.


◾¡Que viene el duque de Alba! Los tercios españoles en Flandes y la Leyenda Negra por Raymond Fagel (Universiteit Leiden). ¡Que viene el duque de Alba! Los belgas y holandeses aún utilizan el nombre del histórico militar español para asustar a los niños cuando no comen o tardan en irse a la cama. Esta cita, sacada del diario SUR del 9 de junio del 2007, es la introducción a una reseña en dicho periódico del libro Una pica en Flandes.

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Re: [Revista] Desperta Ferro

Mensaje por Timoleon el Mar 17 Jun 2014, 17:38

DF Antigua y Medieval n.º 24: El nacimiento del Islam


La Arabia preislámica: caravanas, tribus y desierto por Mabel Villagra. Hacia finales del siglo VI de nuestra era, la península arábiga era un auténtico mosaico de creencias, tribus y pequeñas ciudades-estado muchas veces en lucha entre sí, dedicadas al comercio y al pastoreo. Es este contexto socio-político donde surgen los cimientos del islam, una nueva religión que supuso un antes y después en la Historia de la humanidad. Mapa de Carlos de la Rocha que muestra las distintas comunidades que componían la Arabia preislámica.


El Mensajero de Dios por José Soto Chica. En este breve artículo se trazan los rasgos principales no solo de la figura del Profeta Mahoma sino de la primera comunidad musulmana. Mapa de Carlos de la Rocha en el que se expresa el desarrollo territorial del islam en sus inicios.

Los primeros ejércitos del Islam (622-661 d. C.) por David Nicolle (Nottingham Univ.). La enérgica salida de los pueblos árabes de la península arábiga tras su adopción de la fe islámica en el siglo VII es, aun hoy día, uno de los episodios más extraordinarios de la historia militar. Hacia fines de ese mismo siglo gobernaban un Estado que se extendía desde el Atlántico hasta la India, cubriendo un área mayor que la del Imperio romano. En este artículo el célebre medievalista David Nicolle analiza las características de los primeros ejércitos musulmanes, sus armas y tácticas así como sus costumbres (duelos de campeones, presencia de las mujeres en el campo de batalla, etc.). El artículo concluye con un análisis de las fortificaciones musulmanas del periodo. Acompañan al artículo sendas ilustraciones soberbias de Matthew Ryan (una de ellas aquí visible), que representan a combatientes musulmanes del periodo.


De Medina a Damasco: la implantación del primer Estado musulmán por Xavier Ballestín (Univ. De Barcelona). Uno de los aspectos de la historia inicial del Islam que ha recibido más atención de los arabistas e historiadores occidentales ha sido el proceso de creación del nuevo estado islámico y de sus estructuras de poder, fiscales, administrativas y políticas, inmersas en una dinámica de cambio condicionada por la expansión de la conquista, por la conversión al islam y, en última instancia, por la interrelación entre los nuevos conversos al Islam y los árabes musulmanes. Acompañan a este artículo un mapa de Carlos de la Rocha que expresa las conquistas musulmanas hasta la fundación del Califato omeya, así como una detallada cronología de eventos.

Yarmuk: la batalla que cambió Oriente por José Soto Chica. En 632, Mahoma dejaba tras de sí una Península Arábiga a punto de ser unificada bajo un solo poder. Abu Bakr, su sucesor, derrotó a los últimos rivales de Mahoma y completó la unificación de las tribus. Un nuevo y poderoso Estado había surgido y lo hacía en el momento de máximo agotamiento de los dos viejos imperios que siempre habían dominado el Oriente: el Imperio romano y Persia. En el siguiente artículo se analiza la batalla más señera de aquellas habidas en este periodo entre musulmanes y romanos (o bizantinos), con consecuencias históricas de gran calado. Acompañan dos mapas de Carlos de la Rocha y una soberbia ilustración de la batalla de Yarmuk que ocupa dos páginas, obra de Antonio Jesús Gil.


El ejército tardo-sasánida por Nadeem Ahmad. El imperio sasánida dominó el Gran Irán entre los siglos III y el VII, revelándose como uno de los más capaces rivales de Roma. En el artículo presente hallaremos una detallada descripción tanto de las armas y armaduras de los ejércitos sasánidas, como de las tácticas empleadas, lo que resulta extremadamente útil si lo contrastamos con las de sus vecinos. Acompañan al artículo fotografías de recreación histórica y una ilustración de Dariusz Bufnal que representa a un general persa del periodo.

La caída del Imperio sasánida por Ilkka Syvänne (Finnish Society for Byzantine Studies). El momento elegido para el ataque árabe contra el Imperio sasánida no pudo ser más oportuno. El imperio se encontraba muy debilitado tanto económica como militarmente a causa de la prolongada guerra que hubo de sostener frente a Bizancio (602-628) y que terminó en completa derrota y acarreó el destronamiento de Cosroes II y el estallido de una guerra civil. Entre 628 y 632 hubo hasta doce reyes sucesivos o simultáneos. Con estas reflexiones comienza un apasionante análisis del fulminante ocaso de un imperio, hasta la fecha formidable. Ilustración de Álvaro Calvo Escudero en la que se representa una anécdota llamativa de la batalla de al-Qadisiyyah (año 636).


La conquista árabe de Egipto por Frank Trombley (Cardiff University). La conquista árabe de Egipto terminó en apenas tres años (12 dic. 639-29 sept. 642), pero tuvo consecuencias de calado a lo largo del Mediterráneo. Dañó la “gran estrategia” del Imperio romano de Oriente (o bizantino), pues Egipto –la fuente principal de grano del Mediterráneo oriental– ya no podía proveer de alimentos a la población de Constantinopla, lo que mermó significativamente las finanzas del Estado y obligó a rediseñar sus directrices principales. En este artículo el profesor Trombley analiza, de forma amena y narrativa, los pormenores de la conquista de Egipto, no exenta de episodios llamativos. Acompaña al artículo un amplio y atractivo mapa, de Carlos de la Rocha.

Introduciendo el nº 25:

La última batalla de Cicerón por su república, por Francisco Pina Polo (Universidad de Zaragoza). Marco Tulio Cicerón fue un advenedizo procedente de la ciudad de Arpino que logró ser senador en Roma y alcanzar la máxima magistratura del Estado romano, el consulado, en el año 63 a.C. Desde entonces, sin embargo, su influencia política fue disminuyendo y hubo de pasar por la humillación del exilio. Tras la muerte de César, a quien Cicerón veía como un “tirano”, el viejo orador volvió a obtener protagonismo en la escena política y libró su última batalla por salvar la República en la que creía.

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Re: [Revista] Desperta Ferro

Mensaje por Timoleon el Jue 19 Jun 2014, 22:41


DF Contemporánea n.º 4: Madrid, 1936



   Madrid, una obsesión estratégica por Hernán Rodríguez Velasco. El 25 de mayo de 1936, el general Emilio Mola, a la sazón “el director” de la conspiración que pretendía derribar al Gobierno del Frente Popular, escribía en su Instrucción reservada n.º 1 que la capital de la nación ejerce en nuestra Patria una influencia decisiva sobre el resto del territorio, a tal extremo que puede asegurarse que todo hecho que se realice en ella se acepta como cosa consumada por la inmensa mayoría de los españoles”, y por ello concluía que el “el Poder hay que conquistarlo en Madrid”.

  El avance hacia Madrid por Jesús González de Miguel. El Alcázar de Toledo acababa de ser conquistado. El general Varela con sus guantes blancos, elegante, acompañado por el general Franco, recorre las ruinas del edificio cuna de la Infantería española. El coronel Moscardó, con barba crecida, delgado y gesto de agotamiento, les va dando explicaciones sobre el asedio. Los guardias civiles supervivientes, con la emoción en sus caras y gritando vivas, se agolpan a su alrededor. El general Franco deberá en parte a aquella hazaña su nombramiento como generalísimo de los ejércitos y jefe del Gobierno del Estado. La imagen va a dar la vuelta al mundo en todos los noticiarios. Toledo había caído y Madrid estaba a tiro de piedra. Iba a comenzar la batalla de Madrid.


   Ejército de África. Medios y doctrina por Juan Carlos Losada. ¿Por qué no cayó Madrid en 1936? Las causas cabe buscarlas en debilidades, insuficiencias y errores que padecían los insurrectos, aunque aparentemente en menor grado que las que atenazaban a los republicanos. Al final, una combinación de diversos factores como la falta de efectivos, un escaso y pobre material, el exceso de confianza y una doctrina poco adecuada para maniobrar y atacar una ciudad se conjugaron, junto con las capacidades defensivas de los republicanos, para hacer fracasar el asalto a la capital de España.

   Madrid, historia de tres ciudades: combatiente, sufriente y clandestina por Javier Cervera Gil (Universidad Francisco de Vitoria). El 21 de julio de 1936 se constataba el fracaso de la sublevación en Madrid, pero este hecho revestía a la capital de caracteres muy peculiares. La fisonomía externa tanto de la ciudad como la de sus habitantes cambió casi de la noche a la mañana. Inopinadamente, la población quedó irremediablemente dividida en dos. Por un lado, los partidarios del Frente Popular estaban felices e imbuidos del espíritu revolucionario, con unos milicianos madrileños, nuevos soldados del pueblo, convertidos en los depositarios del poder, la encarnación de la revolución. En contrapartida, los que habían deseado el triunfo de la rebelión, incluso los que, por lo que fuera, no hubieran contribuido con su esfuerzo personal, se veían ahora en situación comprometida.


  La defensa de Madrid por Jesús González de Miguel. “Se nota un cambio total en la marcha de la guerra. Se ve que la defensa es de casa por casa, de solar por solar. Se defiende el terreno palmo a palmo, no con un resistencia obstinada, sino con una defensa sistemática” Así se expresaba el  eniente coronel Barrón en su diario el día 9 de noviembre de 1936, la segunda jornada del asalto a Madrid por las fuerzas rebeldes alzadas contra la República. La guerra había cambiado de signo, los enfrentamientos contra paisanos armados y milicianos indisciplinados iban a tornarse en una guerra de trincheras, cuerpo a cuerpo, edificio a edificio en aquellas frías jornadas madrileñas.


   La creación del Ejército Popular de la República por James Matthews (University College Dublin). Ni los conspiradores militares que se alzaron contra el Gobierno republicano en 1936, ni los partidos y sindicatos de izquierdas cuyos militantes se movilizaron contra el golpe esperaban que la lucha se prolongara más allá de unas pocas semanas. En ese sentido, fue necesario un cierto equilibrio de fuerzas que permitiera que un golpe parcialmente exitoso evolucionara hacia un conflicto armado generalizado que se prolongó durante tres largos y violentos años. La exitosa defensa aseguró una guerra larga y coincidió con cambios fundamentales en la forma en la que el Gobierno decidió enfrentarse a sus enemigos. De la dependencia sobre columnas milicianas formadas improvisadamente para detener una sublevación se pasó a un proceso de militarización y regularización que dio lugar a un Ejército Popular de la República mucho más convencional. Por tanto, la naturaleza de las fuerzas armadas que defendían la zona gubernamental cambiarían significativamente entre octubre de 1936 y la primavera de 1937.


   El frente del arte por Francisco Gracia Alonso (Universitat de Barcelona) y Gloria Munilla (Universitat Oberta de Catalunya). Tras el fracaso de la sublevación militar en Madrid, el Gobierno de la República reaccionó con rapidez y, el 23 de julio, creó una Junta con el objetivo de “incautar todos los objetos de arte o históricos que se encuentren en los palacios ocupados” para trasladarlos a centros oficiales. El 4 de septiembre de 1936 Juan Negrín fue nombrado ministro de Hacienda en el gabinete de Largo Caballero. Su principal objetivo será conseguir y ejecutar todos los recursos económicos necesarios para asegurar la disponibilidad de fondos para sostener la guerra. Por ello prohibirá la exportación de moneda y lingotes de oro y plata para impedir el empobrecimiento del Tesoro Nacional. Pero era evidente que el mantenimiento de un conflicto que se preveía largo y duro no podía sustentarse tan solo en las reservas existentes, sino que había que pensar en emplear todos los recursos que pudieran obtenerse.

   Arqueología en la Ciudad Universitaria por Carlos Marín Suárez (Universidad8 Complutense de Madrid). Los restos arqueológicos de cronología contemporánea de la Ciudad Universitaria, pese a su especial relevancia, no sólo no están protegidos sino que prácticamente no habían sido investigados antes de nuestro proyecto. Seguramente el relato general, la Historia de la Guerra Civil, no vaya a cambiar como consecuencia de las intervenciones arqueológicas, pero tras nuestra intervención sí hemos podido añadir pequeñas historias de los combates en el campus y de la vida cotidiana de los soldados en las trincheras, conformando narrativas diferentes y originales a partir de la cultura material contemporánea. En el caso concreto de la guerra, permite aproximarnos a la experiencia bélica de una forma mucho más tangible y cercana que las narrativas historiográficas convencionales.


   Y además introduciendo el n.º5:

Operación Sonnenblume. Bautismo de fuego del Afrikakorps por Douglas Porch (Naval Postgraduate School, US Navy). El éxito de Compass avivó la urgencia de los preparativos alemanes para intervenir en el Mediterráneo, que se remontaban al verano de 1940. El 11 de enero de 1941 Hitler ordenó la Operación Sonnenblume (“Girasol”), la intervención de un “destacamento especial de bloqueo” en el norte de África La primera opción de Hitler para “comandante en jefe de las tropas alemanas en Libia”, Erich von Manstein, fue descartado en favor de Erwin Rommel, uno de los héroes de la batalla de Francia, “que sabe cómo inspirar a sus tropas”. Sus órdenes eran establecer una línea defensiva cerca de Buyarat, en el golfo de Sirte, y usar sus tropas móviles para repeler cualquier intento de flanqueo por parte británica, pero Rommel era la  quintaesencia del soldado combativo y capaz de asumir riesgos que, tras haber  dominado los principios de la guerra móvil en Francia, llegó a la conclusión de  que, como comandante del ejército más débil, debía mantenerse a la ofensiva  para sobrevivir.


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Re: [Revista] Desperta Ferro

Mensaje por Timoleon el Miér 30 Jul 2014, 21:09

DF Moderna n.º 11: El Gran Juego



   Guerra fría en Asia Central por Jennifer Siegel (The Ohio State University). A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, las fronteras formales e informales de las grandes potencias hegemónicas europeas en Asia –los imperios británico y ruso– se situaron cada vez más cerca. Los británicos consolidaron sus posiciones y fortalecieron su control sobre la India y sus regiones fronterizas norteñas. Los rusos, bloqueados en el Próximo Oriente tras su derrota en la Guerra de Crimea (1853-1856), volvieron su atención hacia los territorios contiguos a sus posesiones asiáticas, que representaban un desafío potencial para su seguridad. El centroasiático es un entorno geoestratégico que parecía diseñado para provocar un conflicto diplomático y militar entre ambas potencias. Esta gran competición entre imperios rivales se dio a conocer en la literatura inglesa con la expresión de “el Gran Juego”.


   La Primera Guerra Anglo-Afgana (1838-1842) por Jules Stewart. En 1836 el ejército persa y sus aliados rusos acampaban fuera de las puertas de Herat, en el Afganistán occidental. Esto desató la preocupación británica por la seguridad de la frontera de la India con su vecino afgano, una tierra que estaba tan políticamente fragmentada en el siglo XIX como lo está hoy día. Si Rusia tenía intenciones serias de atacar la India británica, la ruta obvia era a través de Afganistán, por los pasos de la frontera del Noroeste, la parte más vulnerable de la India británica. A pesar de las escasas evidencias fundadas de esta supuesta amenaza, Gran Bretaña se decidió por la invasión preventiva del territorio afgano.


   La encrucijada afgana por William Dalrymple. “El que no esté con nosotros, está contra nosotros [...] debemos asegurar Afganistán”. Con estas palabras de John MacNeill, rusófobo enviado como embajador a Teherán, se iniciaba en 1838 una guerra innecesaria, costosa y completamente evitable. Los paralelismos con la contienda iniciada en 2001 no son meramente anecdóticos.


   Nikolái Przhevalski. Explorador y espía durante el Gran Juego por David Schimmelpenninck van der Oye (Brock University). Al igual que cualquier niño británico sabe de David Livingstone, todo escolar ruso conoce la carrera del gran explorador del Asia Central, Nikolái Mijáilovich Przhevalski. Miembro destacado de la Sociedad Geográfica Imperial Rusa, nadie ejemplificará mejor que él la doble naturaleza, académica y militar, de esta, la contribución de Przhevalski tanto al conocimiento científico como al estudio cartográfico de Asia Central, siempre al servicio del Estado zarista, será fabuloso.


  El establecimiento del Turquestán ruso por Evgeny Sergeev (Academia Rusa de Ciencias). El general Dimitri Romanovski, uno de los comandantes más activos del Turquestán, consideró el intervalo entre 1854 y 1867 como una etapa crucial en la consecución de la ambiciones rusas por subyugar Asia Central. Sin embargo, su lectura necesita una ligera corrección, ya que fue en la década entre 1864 y 1873 cuando la conquista de los janatos ocurrió realmente, la cual se inició con el asalto a Joqand, llegó a su culmen con la formación de la gobernación general del Turquestán y acabó con la derrota del último estado independiente turcómano, Jiva.

   El espionaje británico y el Gran Juego por Rob Johnson (University of Oxford). Durante el siglo XIX, la inexorable expansión territorial Rusia en Asia parecía amenazar la seguridad de la India británica. Los británicos intentaron llegar a acuerdos con San Petersburgo, lanzaron campañas militares para asegurar sus fronteras e intentaron coaccionar a diferentes entidades políticas para que entrasen en su esfera de influencia, pero también enviaron agentes de inteligencia para estudiar y vigilar los accesos al subcontinente indio, en preparación de una guerra que parecía inevitable.

   La batalla de Maiwand por Richard J. Stacpoole-Ryding. El 27 de julio de 1880, en el transcurso de la Segunda Guerra Anglo-Afgana, se libró en los llanos de Helmand una terrible batalla que ha pasado a la historia como un desastre de la historia militar británica, una catástrofe en la columna al mando del general Burrows sufrió graves pérdidas pero en la que se dieron numerosos actos de valentía y coraje. Fue la última acción en la que las banderas de la reina y de los regimientos se llevaron a la batalla.


  La conquista rusa de Turkmenistán por Evgeny Sergeev (Academia Rusa de Ciencias). Al término de la década de 1870 la mayor parte de Turkmenistán se mantenía como la única área independiente de Asia Central que permanecía más allá de las esferas de influencia rusa o británica, aunque los gobernantes de Persia, Afganistán Jiva y Bujara competían por dominar a la población turcómana. Muchos militares rusos urgieron a San Petersburgo a iniciar la guerra tan pronto como fuera posible. Según los informes de los cónsules rusos que estaban en las ciudades en la frontera persa, los agentes británicos estaban instigando la inmediata unificación de las tribus turcómanas más numerosas en una especia de confederación bajo el patronazgo de Persia con el fin de oponerse al futuro avance ruso.


Introduciendo el próximo número:

   “Dios está en el cielo, el rey en España y yo estoy aquí”. La esencia del conquistador español por Gabriel Martínez. Céspedes del Castillo en su libDF11-9ro América Hispánica, recogió esta frase pronunciada por uno de tantos conquistadores españoles en la isla del Gallo en septiembre de 1526, al norte del actual Perú, y que resume la esencia de la conquista española de América. Iniciativa individual al servicio de una monarquía en plena transformación, que salía revigorizada del Medievo, y con el impulso de una fe religiosa que les dotaba de una superioridad psicológica frente a sus rivales y en posesión de una mejor tecnología.


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Re: [Revista] Desperta Ferro

Mensaje por Timoleon el Jue 28 Ago 2014, 11:18

Artículo gratuito relacionado con el número 11 "El Gran Juego":

El Gran Juego y los Janatos de Asia Central:

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Re: [Revista] Desperta Ferro

Mensaje por Timoleon el Lun 01 Sep 2014, 20:12

DF Antigua y Medieval n.º 25: De Octavio a Augusto


   “Años de hierro” por Alberto Pérez Rubio (Universidad Autónoma de Madrid). El 15 de marzo de 44 a. C., Cayo Julio César, dictador desde febrero, había sido cosido a puñaladas en la curia del teatro de Pompeyo por un grupo de conjurados encabezado por Bruto y Casio. Pero la inocente idea de este grupo de “libertadores”, que pensaban que con la eliminación del dictador podrían regresar a una prístina República, quedó de inmediato en agua de borrajas. Desbandados los horrorizados senadores, huido para esconderse el cónsul Marco Antonio, las llamadas a la libertad de los conjurados se encontraron con el hosco recelo de la plebe romana y, sin plan de acción alguno, se refugiaron en el Capitolio. Comenzaba un periodo terrible de trece años de hierro. En la imagen, moneda acuñada por los tiranicidas con la representación de los puñales que acabaron con la vida de César y un gorro de liberto (esclavo liberado), símbolo de la “libertas” alcanzada tras la muerte del “tirano”. La leyenda alude a la fecha del atentado: eid(us) mar(tiae) o idus de marzo.


   “Camino a la gloria. La batalla de Forum Gallorum y el asedio de Mutina” por Lyndsay Powell. El camino de Augusto hacia el poder fue largo. Dos batallas cambiaron su suerte para siempre, transformándole de un imberbe adolescente de ambición ardiente en una fuerza con la que había que contar. En este artículo el historiador Lyndsay Powell describe los dos cruciales enfrentamientos de Foro de los Galos (Forum Gallorum) y Módena (Mutina), así como su relevancia en el devenir político de Roma y en el crecimiento del protagonismo de Octavio. En la imagen vemos un detalle de la espectacular ilustración de Zvonimir Grbasic en la que se representa la cómica anécdota acontecida a un general senatorial cuando fue confundido con un enemigo y atacado por sus propias tropas.


   “Entre hierro y bronce. La transformación de la panoplia romana, 44 a. C. – 14 d. C.” por Eduardo Kavanagh (Universidad Autónoma de Madrid). En torno al año del asesinato de César, el romano era un Estado militarizado, expansivo –“de rapiña” según algunos–. Sus ejércitos, dirigidos por “señores de la guerra”, se alimentaban de la crisis social e institucional y de la ambición de sus líderes. Cuando 58 años más tarde fallece Augusto, Roma es un Estado razonablemente estable, pacífico y próspero. Su ejército, minimizado, profesional, permanente y convenientemente segregado del resto de la sociedad, está ahora consagrado a la defensa de las fronteras, no a la expansión. La gran diferencia entre uno y otro modelo de ejército se transmite a su aspecto y armamento, como se trata de analizar en este artículo. Acompañan al mismo dos soberbias ilustraciones de Pablo Outeiral que representan a un legionario de época de César (aquí visible) y a otro de fines de época augustea.


   “Espadones y ejército en Roma, 44-42 a. C.” por Arthur Keaveney (Universidad de Kent). A finales de la República la política estaba dominada por “espadones”, generales como César, Marco Antonio, Lépido, Octavio… que imponían su voluntad sobre las instituciones del Estado romano, al tiempo que eran rehenes de sus propias tropas, politizadas y conscientes de su poder. El profesor Keaveney trata de explicar, en este breve pero revelador artículo, los factores que llevaron a Roma a este extraño estado de cosas. Acompaña al artículo una ilustración de Sandra Delgado que muestra un veterano trabajando junto con su familia un campo cedido como recompensa por los servicios prestados.


   “Las dos batallas de Filipos” por Yann Le Bohec. El afamado y reconocido profesor Le Bohec analiza con detalle el desarrollo de las batallas que supusieron el efectivo descalabro final (casi aniquilación) de la facción “optimate” del Senado. Acompañan al artículo hasta cuatro mapas, dos estratégicos y dos tácticos, dibujados por Carlos de la Rocha.


   “Premios, recompensas y castigos militares” por Sabino Perea Yébenes (Universidad de Murcia). Generalmente alejados de sus hogares, y siempre con la amenaza o la perspectiva de entrar en combate, la vida del soldado estaba llena de temores, pero también de estímulos. El primer objetivo era, obviamente, sobrevivir. Pero, sorteando a la muerte, a muchos soldados especialmente dotados para la guerra les estimulaba un objetivo que estaba incrustado en la mentalidad del guerrero antiguo: comportarse sin miedo, valientemente, encararse a la muerte durante el combate y salir victoriosos, es decir, “actuar heroicamente”. En este artículo el profesor Perea, reconocido especialista en el ejército de Roma y director de la serie “Aquila legionis”, desglosa tanto los castigos en que podía incurrir un legionario romano como las condecoraciones a las que podía aspirar. Acompaña al artículo una detallada ilustración de Ángel García Pinto que representa la entrega a un soldado de un juego de fáleras, un género de condecoración militar, por parte de Marco Antonio.


   “La importancia de llamarse Imperator Caesar Divi Filius Augustus” por Pedro López Barja de Quiroga (Universidad de Santiago de Compostela). Son sintomáticas las palabras del cónsul y general Marco Antonio quien, refiriéndose a C. Octavio, espetó “Y tú, chaval, que se lo debes todo a un nombre…”(Cicerón, Filípicas XIII.11.24). En este artículo el profesor Barja de Quiroga describe el juego propagandístico desplegado por Octavio, en el que cobran importancia su ascendencia y los nombres y títulos que Octavio acumuló en vida, cuyo significado individual y colectivo, así como su relevancia política son analizados por el autor. Acompaña al artículo un esquema que muestra la genealogía de Octavio/Augusto, remontándose a los orígenes míticos y divinos.


Introduciendo el siguiente número:

  “La invención del mundo vikingo” por Tomás Aguilera Durán (Universidad Autónoma de Madrid). Piratas sanguinarios, aventureros, poetas, héroes… son visiones de la era vikinga muy arraigadas en el imaginario colectivo. En buena medida, estos estereotipos pueden considerarse una tradición “inventada”, muy reciente en realidad, e inseparablemente ligada al nacionalismo romántico. En este artículo el autor describe cómo las circunstancias históricas y sobre todo culturales de los siglos XIX y XX han determinado la creación de una imagen del vikingo que debemos distinguir de la realidad.


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Re: [Revista] Desperta Ferro

Mensaje por Timoleon el Lun 01 Sep 2014, 20:29


Desperta Ferro Contemporánea n.º 5: Deutsches Afrika Korps


  La Blitzkrieg de Rommel. Análisis de un mito por Dennis Showalter (Colorado College). El 12 de febrero de 1941 Erwin Rommel era designado comandante en jefe de las tropas alemanas en Libia, decisión aparentemente fundamentada en la mera disponibilidad de este, ya que ningún general superior le encontraba mayor provecho en la inminente invasión de la Unión Soviética; Rommel fue enviado a un escenario secundario que, sin embargo, pronto situaría en el centro de la historia gracias a una espectacular sucesión de victorias en el campo de batalla.


   Las fuerzas de tierra alemanas en el norte de África (1941-1943) por Adrian Wettstein (Militärakademie an der ETH Zürich). Del primer al último día de la intervención alemana en el norte de África, este frente fue considerado por el alto mando como un teatro de operaciones secundario. Como consecuencia, los recursos enviados resultaban insuficientes y, con escasas excepciones, las unidades allí destinadas estaban al final de la lista de prioridades para el envío de refuerzos y nuevo equipamiento. La intervención alemana comenzó a principios de 1941 con el rápido despliegue de dos divisiones, futuro núcleo del Deutsches Afrika-Korps (DAK). Hasta noviembre de 1942, el crecimiento de las fuerzas alemanas en África fue lento pero constante, pero en la fase final de la guerra, tras el desembarco aliado en el norte de África (Operación Torch, 8 de noviembre de 1942), la Wehrmacht rápidamente desplazará no menos de cuatro divisiones y distintas unidades del ejército al teatro de operaciones.


   La logística del Eje en la guerra del desierto por Niall Barr (King’s College London). “El sueño de un táctico, la pesadilla de un intendente” quizás sea la frase más famosa que define la guerra del desierto entre 1940 y 1943, aunque también la más tópica, que parece sugerir que las operaciones en el norte de África se reducían a una mera problemática militar. Por contra, con su sola presencia en los desiertos de Libia y Egipto los dos ejércitos rivales representaron una revolución en la guerra. Distintos ejércitos habían cruzado desiertos a lo largo de la historia (con resultados bien distintos) pero nunca antes habían sido capaces de vivir, trabajar y combatir en él durante periodos prolongados de tiempo. Los condicionantes con que se encontraron los ejércitos británico y del Eje en los desiertos de Libia y Egipto no tenían, en sentido literal, precedentes.


   Arte operacional y tácticas alemanas en teatro mediterráneo por John Sayen. Las tácticas ofensivas y defensivas de todo el ejército alemán, incluyendo el Afrika Korps, vinieron casi completamente heredadas de la Primera Guerra Mundial, desarrolladas con mucho éxito principalmente en el Frente Occidental durante 1914-1918. A pesar de las radicales diferencias entre el norte de Francia y África, los alemanes fueron capaces de adaptar sus tácticas con facilidad. Los carros de combate eran capaces de actuar como si de una flota de acorazados se tratara. Ciertamente, las tácticas avanzadas alemanas resultaron una ventaja. Minimizaron las bajas propias –y aumentaron las enemigas– e hicieron posible conseguir más con menos. Sin embargo, no pudieron alterar las consecuencias de una estrategia improvisada, de “último momento”, o la sustancial debilidad demográfica, industrial y política de la que adolecían todos los miembros del Eje. Estas solo podían demorar lo inevitable.


   La batalla de Gazala por Douglas Porch (Naval Postgraduate School). El día 15, Rommel escribió lacónicamente “hemos ganado la batalla y el enemigo huye”, pero Rommel no se contentaba solo con expulsar a los británicos de Gazala. Al contrario, retomó un plan de octubre de 1941 para atacar Tobruk por el sudeste. Churchill le advirtió a su mando en Oriente Medio que no podía renunciar a ese símbolo de la determinación británica sin graves consecuencias políticas y psicológicas, pero no surtió efecto: el 21 de junio, la fortaleza con sus 33 000 defensores, incluyendo a 5 generales, 2000 vehículos y toneladas de suministros, fue conquistado en un lapso de 24 horas a un coste de 2490 bajas para Rommel. En Berlín, se le proclamaba como uno de los más grandes guerreros de la historia y fue ascendido a mariscal de campo, mientras que Egipto era presa de una atmósfera de fin de régime.


   La cooperación germano-italiana en el norte de África por Richard L. DiNardo (Marine Corps Command and Staff College). Los Aliados afrontaron el conflicto desde la perspectiva de una coalición de guerra, con todos los miembros centrados en un objetivo principal, la derrota de Alemania, mientras que, por el contrario, los miembros del Eje se guiaron por la noción de “guerra paralela”, con cada potencia enfrentada por objetivos políticos particulares a unos enemigos comunes. No obstante, en determinados teatros de operaciones las potencias del Eje tuvieron que actuar de forma concertada y el más notable de ellos fue el Mediterráneo, donde las fuerzas alemanas e italianas trabajaron conjuntamente a todos los niveles en los ámbitos terrestre, aéreo y naval.


   La vida diaria del Afrika Korps por Pier Paolo Battistelli. La imagen que tenían los soldados alemanes sobre el desierto era sumamente romántica; “encantadores oasis con palmeras, naranjos, fuentes cristalinas por las que corría agua fresca, ciudades orientales con sus tabernas y bailarinas del vientre, y el vaivén de las caravanas de camellos de los beduinos” alimentaban el recuerdo de Otto Henning, percepción compartida por los estados mayores por la falta de experiencia y de conocimiento: cuando la 3.ª División Panzer recibió la orden de prepararse para acudir al norte de África en septiembre de 1940, la única fuente de información sobre su clima tropical y su entorno provenía de los informes de la Legión Cóndor. La primera impresión no solo quedó lejos de la realidad, sino que además fue demoledora.


   Operación Salam: Almásy en el desierto p or András Zboray (Royal Geographical Society). El Abwehr (el servicio de inteligencia militar alemán) mostró gran interés en el norte de África y se apresuró en reclutar expertos tanto en planificación como en operaciones. Uno de ellos fue el explorador del desierto de origen húngaro Láslzló Almásy, al que en septiembre de 1941 se le consultó por primera vez la posibilidad de conducir a través del desierto hacia Egipto y a principios de noviembre fue puesto al mando de la Operación Salam, con la misión de transportar a los dos agentes al valle del Nilo de forma inadvertida. Se puede decir que la Operación Salam resultó un rotundo éxito, pero fue absolutamente inútil. La larga ruta de Almásy a lo largo de un desierto controlado por el enemigo fue un logro increíble; sin embargo, los acontecimientos posteriores frustraron todos los planes y esfuerzos. La Operación Salam fue, sobre todo, un éxito personal del propio Almásy.


Y, además, introduciendo el n.º 6:

Operación Starlite por Otto Lehrack. Durante la primavera y el verano de 1965 las fuerzas comunistas en Vietnam del Sur estaban muy preocupadas ante la intervención norteamericana. Los yankees se estaban desplegando con rapidez y era necesario acosarles antes de que pudieran organizarse e interferir en la toma de control por parte del Norte de sus correligionarios del sur. Hanoi envió una división al completo a través de la ruta Ho Chi Minh para reforzar a las fuerzas del Viet Cong (VC) próximas a Saigón y ordenó al curtido 1.er Regimiento del VC organizar un ataque contra la nueva base aérea del Cuerpo de Marines de Estados Unidos (USMC) en Chu Lai. La Operación Starlite fue una experiencia aleccionadora para ambos bandos y un hito destacado de la intervención norteamericana en Vietnam. Se trató del primer combate de envergadura de la guerra, en el que se enfrentaron dos contingentes de tamaño regimental.


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Re: [Revista] Desperta Ferro

Mensaje por Homero CuentilargoOdiseus el Lun 01 Sep 2014, 21:27

Esta revista tiene una pintaza, que pena ser pobre
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Re: [Revista] Desperta Ferro

Mensaje por Timoleon el Mar 30 Sep 2014, 20:55


DF Moderna n.º 12: La conquista de México



   El Imperio mexica por Carlos Santamarina Novillo (UCM). A principios del siglo XVI, en vísperas de la conquista española, buena parte de Mesoamérica se encontraba bajo el dominio de la más poderosa unidad política prehispánica de la historia, si exceptuamos el tahuantinsuyo incaico. El llamado Imperio azteca, o más bien mexica-tenochca por tener su capital en México-Tenochtitlan, había extendido su dominio hegemónico desde el área central, donde actualmente se encuentra la ciudad de México, hasta regiones adyacentes, como Cuauhnahuac, Matlatzinco (actuales Cuernavaca y Toluca) o la más lejana Oaxaca, y llegó a alcanzar tanto la costa del golfo de México al norte como la costa del Pacífico al sur, y estableció también un emporio en el distante y rico Xoconochco, en la región del istmo de Tehuantepec. Aquel imperio no escatimaba demostraciones de esplendor para impresionar al visitante que se acercaba, de grado o por fuerza, a Tenochtitlan, como pronto podrían atestiguar los mismos españoles. Mapas de Carlos de la Rocha.


   El genio militar de Hernán Cortés por Manuel Gracia Rivas (Centro de Estudios Borjanos). Es difícil encontrar un personaje de la talla de Hernán Cortés que haya suscitado pasiones tan encontradas y un rechazo tan contundente en la nación que contribuyó a crear y en cuya capital reposan sus restos casi olvidados. Pero si las razones que impulsaron este proceder pueden resultar comprensibles desde la óptica de quienes hicieron posible la independencia de lo que él llamó “Nueva España”, más sorprendentes resultan las reticencias que su persona despertó en la corte española e, incluso, los limitados honores que recibió en comparación con otros conquistadores. Mapas de Carlos de la Rocha.


   La batalla de Otumba por Miguel Ángel Cerón (FES Acatlán UNAM- Universidad del Claustro de Sor Juana).Uno de los enfrentamientos más extraordinarios previos a la conquista de México-Tenochtitlan fue la llamada batalla de Otumba. En aquel encuentro, el numeroso ejército de la Triple Alianza, integrado por guerreros de Tetzoco, Tlacopan y Tenochtitlan, estuvo a punto de acabar con el conquistador Hernán Cortés y sus reducidas huestes, quienes guiados por sus aliados tlaxcaltecas huían desesperados de la gran urbe de los mexicas tras la Noche Triste. Muchos de los que escapaban iban heridos, el hambre y el desánimo eran generalizados, pero en un hecho sin precedentes, Cortés pudo salir victorioso y llevar a sus hombres a la ciudad aliada de Tlaxcala, desde donde organizaría la conquista de México-Tenochtitlan. Ilustraciones de Ángel García Pinto, mapas de Carlos de la Rocha.


   Asedio y toma de Tenochtitlán: una operación anfibia por Agustín Ramón Rodríguez González (RAH). Tras su triunfo en Otumba, Cortés planificó metódicamente el asedio de la capital y plaza fuerte de los aztecas en una campaña con pocos parangones en la historia, que demostró de nuevo sus cualidades de organizador, líder y estratega, así como su valor personal. También cometió errores y además el enemigo, pese a su inferioridad tecnológica, seguía siendo temible y estaba decidido a la lucha. Esta fue, por tanto, muy dura y larga, en un escenario terrestre y acuático que favorecía especialmente a la defensa y planteaba retos inéditos a los atacantes. Ilustraciones de Rocío Espín Piñar, mapas de Carlos de la Rocha.


   Los aliados de Cortés por Marco A. Cervera Obregón (FES Acatlán UNAM – Centro Universitario de Integración Humanística). Uno de los temas menos estudiados alrededor de la conquista de México es el de la participación de los diferentes grupos indígenas que se aliaron con Cortés durante dicho conflicto. Sin embargo, sabemos de la situación de opresión de muchas de estas sociedades bajo el Imperio mexica y de sus posibles motivos para unirse a la expedición de los hispanos. Mapas de Carlos de la Rocha.


   El armamento hispano-mexica por Marco Antonio Cervera Obregón (FES Acatlán UNAM – Centro Universitario de Integración Humanística). Resulta interesante que de una etapa de la historia hispano-mexicana tan corta como lo fue la conquista de México (de 1519 a 1521) se haya escrito tanto en ambas latitudes del planeta, sobresaliendo las publicaciones de diversos investigadores como son Hugh Thomas, Miguel León Portilla, José Luis Martínez o Ross Hassig, solo por citar algunos. Pese a esta interesante y ya conocida historia, el tema dedicado a las tácticas militares y los sistemas de armamento de dicho periodo ha sido muy poco tratado y lleva consigo una serie de mitos que es necesario eliminar. Ilustraciones de José Luis García Morán.


   De vencidos y vencedores. La perspectiva indígena de la Conquista de México por Angélica Baena Ramírez (Universidad Nacional Autónoma de México). Son ampliamente conocidas las hazañas que Hernán Cortés y sus hombres tuvieron que emprender para lograr la Conquista de México. El mismo Cortés y algunos de sus soldados nos legaron una amplia documentación acerca de las alianzas políticas que hicieron con los pueblos indígenas enemigos de los mexicas, las estrategias militares que tuvieron que realizar para adaptarse a un tipo de combate distinto al que conocían, las penurias que atravesaron y las proezas en el campo de batalla que tuvieron que emprender para lograr tan ansiado objetivo. Pese a la riqueza y el valor de las fuentes españolas sobre este tema, es indispensable comprender cómo los indígenas vivieron e interpretaron este trascendental hecho histórico, que marcará el final del devenir independiente de las culturas mesoamericanas que, por más de tres milenios, se habían desarrollado sin ninguna clase contacto con la cultura Occidental.


Introduciendo el próximo número:

   Guerra, unidad y nación. Las bases fundacionales del Reich alemán por Frank Lorenz Müller (University of St Andrews). La constitución de un Reich alemán, unido por el fervor nacionalista bajo la hegemonía de la Monaquía prusiana, parece ser el objetivo último de la estrategia política de Otto von Bismarck, hacia el que se encaminó de forma metódica e implacable. Solo faltaba añadir un elemento en la ecuación: la guerra. Ya fratricida frente al Imperio austriaco, ya contra el enemigo hereditario francés, si la guerra era el precio de la Unificación Alemana, en Canciller de Hierro lo pagaría gustoso. Mapas de Carlos de la Rocha.


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Re: [Revista] Desperta Ferro

Mensaje por Timoleon el Vie 31 Oct 2014, 12:28


Desperta Ferro Antigua y Medieval n.º 26: Los vikingos


“Las causas de la expansión vikinga” por Frands Herschend (Universidad de Upsala). Para comprender la expansión escandinava hacia el sur y hacia el oeste en los siglos IX y X, al igual que las expansiones marítimas de otros pueblos como los griegos del Arcaísmo o los portugueses del siglo XV, es preciso comprender los factores socioeconómicos e institucionales imperantes en sus países de origen. ¿Qué impulsó a estas gentes a partir? ¿Regresaron más tarde a sus tierras? En este interesantísimo artículo el profesor Herschend analiza las condiciones socioeconómicas de las sociedades escandinavas del periodo tales como la propiedad de la tierra, la herencia o el subdesarrollo urbano, en asociación con sus peculiares caracteres ideológicos, de resultas de lo cual emerge un panorama muy llamativo que explica el fenómeno expansivo vikingo. Acompañan al artículo un mapa de Carlos de la Rocha y una soberbia ilustración del interior de una vivienda vikinga (un detalle aquí visible), composición de Milek Jakubiec.


◾“Los primeros asaltos vikingos 793-867” por Joshua Copeland (Universidad de Liverpool). Entre los años 793 y 867, los reinos de la Inglaterra anglosajona (Wessex, Mercia, East Anglia, Essex, Sussex, Kent y Northumbria) hubieron de sufrir el embate de los asaltos vikingos. Inicialmente puntuales y de pequeña escala, las partidas de asaltantes fueron creciendo progresivamente en tamaño, y la naturaleza de sus ataques se fue volviendo más organizada y sistemática. Todo ello culminó en el año 865 con la llegada del “gran ejército pagano” que llegaría a alterar el panorama político de la isla y conducir, eventualmente, a la formación del Reino de Inglaterra en el siglo X. Acompaña al artículo un mapa de la Heptarquía anglosajona, o siete reinos en que se dividía la isla en vísperas de la irrupción vikinga.


◾“Los ejércitos del periodo vikingo en batalla” por Stephen Pollington. Los nombres normanni y wicingas se abrieron un hueco en las cortes europeas durante el periodo que conocemos como “el largo siglo IX”. El intenso contacto con Europa occidental transformó la naturaleza de la guerra en Escandinavia, tanto en armamento como en objetivos, que dejaron de enfocarse en la ganancia rápida por saqueo, y más en la adquisición de territorio. Los métodos de combate evolucionaron consecuentemente. Las tácticas de escandinavos, carolingios, sajones, así como la forma en que se enfrentaron entre sí, son los temas que Pollington expone brillantemente, y con una amenísima pluma, en este imprescindible artículo. Acompañan al mismo emocionantes y detalladas ilustraciones de batalla (un detalle aquí visible) que representan combates entre vikingos y asturianos, en un caso, y entre vikingos y carolingios en otro, ambas composiciones del genial ilustrador Antonio Jesús Gil.


◾“Vlfberht me fecit – La panoplia vikinga” por Yeyo Balbás. A pesar de que la imagen popular del guerrero vikingo ha evolucionado mucho desde el salvaje cubierto de pieles con el inevitable casco con cuernos, aún quedan por desterrar algunos mitos sobre su armamento. Esta visión desvirtuada es el resultado de concebir la cultura material del mundo nórdico como un todo homogéneo, ajeno a cualquier evolución. En este interesantísimo artículo Balbás analiza espadas, arcos, armaduras, cascos, empleados por los guerreros y ejércitos escandinavos del periodo, con particular hincapié en el origen de estas producciones.


◾“La Inglaterra vikinga 867-918” por Clare Downham (Universidad de Liverpool). Retrospectivamente es fácil entender la formación de Inglaterra como una respuesta necesaria a las invasiones vikingas, pero los años que vamos a tratar fueron testigos de una lucha épica entre vikingos y gobernantes ingleses en la que ninguno de los contendientes pudo intuir cuál sería el resultado final. En 865/6 un “gran ejército” (micel here) vikingo arribó a Anglia Oriental, provocando un tremendo vuelvo geopolítico que tendría inmensas consecuencias, a largo plazo, en la historia de la isla. En este artículo la profesora Downham analiza la épica lucha entre sajones y daneses protagonizada por el rey de Wessex, Alfredo el Grande (o Magno), y los invasores escandinavos, cuya vocación no era ya la rapiña sino la conquista de territorio, lo que les convertía en una amenaza muchísimo más grave. Acompaña al artículo una impactante ilustración a doble página de la batalla de Ashdown (año 871), soberbia composición de Matthew Ryan.


◾“¡Del furor de los normandos, líbranos Señor! – Incursiones vikingas en Francia” por Jean Renaud (Universidad de Caen). La mayoría de las regiones de Francia fueron visitadas por los vikingos en el siglo IX. Su rastro se puede descubrir tanto en Borgoña como en Bretaña, tanto en el valle del Sena como en el Ródano, en las islas del litoral o en el corazón de la Auvernia, habiendo recorrido el país entero a sangre y fuego. Nada ni nadie estaba a salvo de sus ataques. A la animada pluma del profesor Renaud acompañan un mapa a doble página de Francia, así como una espectacular vista aérea de París, admirable composición de Jorge M. Corada, durante el asedio que esta urbe hubo de sufrir de manos de invasores vikingos, entre los años 885-6. Sobre ella se indican los pormenores del épico asedio, narrado con detalle por el autor.


◾“Correrías vikingas en Hispania” por Víctoria Manuel Aguirre Cano. La presencia vikinga en la península ibérica fue reducida si la comparamos con la actividad de los piratas nórdicos en Francia y las islas británicas. Sus movimientos fueron escasos, comprendidos, hasta lo que sabemos, a grandes y ambiciosas expediciones. Estas se desarrollaron a lo largo de los siglos IX, X y XI, y no tuvieron un impacto en el devenir histórico de los pueblos hispánicos como pudieron tener en las regiones de Europa septentrional. Acompaña a este artículo un mapa a doble página de la península ibérica con indicación de las incursiones vikingas documentadas, composición de Carlos de la Rocha.


Introduciendo el próximo número:

◾“Aristóteles preceptor de Alejandro Magno: luces y sombras de un proyecto educativo” por Antonio Guzmán Guerra (Universidad Complutense de Madrid). En los siglos V y IV a. C. Macedonia era todavía un reino balcánico del norte, fronterizo con tribus nómadas y gobernado desde una corte que distaba mucho de poderse comparar con los gobiernos de cualquier polis griega de la época. Sin embargo, Alejandro también fue luego educado a la manera griega. Llegó a hablar griego con la fluidez suficiente para disfrutar con la lectura de los grandes poetas, y desde niño oyó los seductores relatos de las descomunales hazañas de Heracles o Aquiles; envidió su afán de conseguir la gloria a cualquier precio, incluso al de una vida corta. En este artículo, de innegable atractivo, el profesor Guzmán Guerra analiza el carácter de la educación de Alejandro, así como la impronta que ejerció Aristóteles, su preceptor, en ella. En la imagen vemos a Alejandro y Aristóteles juntos, según una miniatura persa del s. XIII.


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Re: [Revista] Desperta Ferro

Mensaje por Timoleon el Dom 02 Nov 2014, 12:30

Desperta Ferro Contemporánea n.º 6: 1965, escalada americana en Vietnam




   Johnson y el problema de Vietnam por Edwin E. Moise (Clemson University). Pese a que mantuvo la implicación americana en un nivel bajo, John F. Kennedy fue el primer presidente que envió una cantidad significativa de tropas a Vietnam. Tras su asesinato en 1963 el nuevo presidente, Lyndon Johnson, pudo continuar con esta política durante más de un año. Sin embargo, a primeros de 1965 decidió que la única manera de evitar una victoria comunista era un drástico incremento de la participación americana, de modo que a mediados de año estaba enviando tropas en masa y los Estados Unidos estaban, sin duda, en guerra. Todo ello sin que se hubiera producido consulta alguna al Congreso sobre esta escalada militar. El 8 de junio el presidente dio al general William Westmoreland, comandante norteamericano en Vietnam, autoridad para enviar fuerzas terrestres al combate y el número de tropas a su disposición aumentó rápidamente. El 1 de julio había cerca de 51 000 militares norteamericanos en Vietnam y en torno a 71 000 el día 15 del mismo mes. Para el 28, el presidente Johnson anunció que el número aumentaría rápidamente hasta los 125 000 y aún habría más incrementos.


   1965, la política de Hanoi por Pierre Asselin (Hawaii Pacific University). El comienzo de la intervención militar norteamericana, en la primavera de 1965, no sorprendió a los dirigentes de la República Democrática de Vietnam (RDVN), el “otro lado”, quienes aunque indudablemente no deseaban una guerra contra la que se podía afirmar que en ese momento era la maquinaria militar más sofisticada del mundo, eran conscientes de que esa posibilidad existía. Poco más de un año antes habían tomado la trascendental decisión de aumentar sustancialmente su apoyo a la insurgencia en marcha contra el régimen proamericano de Saigón, al sur del paralelo 17. Tras el incidente del golfo de Tonkín de agosto de 1964 y con la sensación de que cada minuto contaba, habían ordenado el despliegue de unidades de sus fuerzas armadas, el Ejército Popular de Vietnam (EPVN), para sumarse a la lucha.


  Estrategia militar y pacificación en Vietnam por Otto Lehrack. Cuatro meses antes del incidente del golfo de Tonkín de 1964, inicio de la participación nortemaericana en la Guerra de Vietnam, el  presidente Lyndon Johnson tomó una decisión trascendental al elegir al general William C. Westmoreland para dirigir el esfuerzo militar estadounidense. La doctrina de Westmoreland, como la de tantos otros oficiales del Ejército en ese momento, se centraba en el problema de combatir a la Unión Soviética en Europa y pensaba que si las tropas americanas tenían que combatir en Vietnam podría terminar la guerra rápidamente y marcharse si aplicaban un poderío militar abrumador. Pero nada más empezar la guerra hubo debates sobre estrategias alternativas. El general Westmoreland, con la complicidad del presidente Johnson y del secretario de Defensa, Robert McNamara, malgastó cuatro años y decenas de miles de vidas en un intento de convertir Vietnam en la guerra de desgaste que no era y, junto al tiempo y las vidas irrecuperables, también desperdició la buena voluntad del pueblo americano y su confianza en su Gobierno y sus militares.


   Viet Cong. Organización y tácticas por Warren Wilkins (Center for Threat Awareness). Más que un levantamiento de heroicos campesinos indígenas mal equipados y adiestrados, el Viet Cong fue un movimiento armado patrocinado por el comité central norvietnamita para derrocar al gobierno sudvietnamita y reunificar el país. Del mismo modo, no se trataba de unos simples luchadores en sandalias con unas habilidades innatas para la guerra, sino que, como casi cualquier fuerza armada organizada, fue el fruto de una filosofía cuidadosamente elaborada sobre la conducción de la guerra ofensiva y defensiva, reforzada por consignas pegadizas y cuyos soldados estuvieron preparados para combatir contra estados unidos, en 1965, gracias al ensayo repetitivo de las tácticas. Según sus propias fuentes, en la segunda sesión del XV Pleno del Comité Central del Partido Comunista de julio de 1959 los dirigentes comunistas norvietnamitas ratificaron una resolución “afirmando que la revolución vietnamita la lidera el Partido y tiene dos misiones estratégicas que perseguir en paralelo: la revolución socialista en Vietnam del Norte y la revolución democrática nacional popular en Vietnam del Sur”; misiones esencialmente diferentes pero íntimamente conectadas porque se influían, afectaban y apoyaban mutuamente.


   Ia Drang ¿Una victoria sin precedentes? por Gregory Daddis (USMA, West Point). Westmoreland pensaba que una actitud defensiva impediría cumplir con la misión y obtuvo permiso para adentrarse en áreas rurales con el fin de atacar al enemigo lejos de los centros de población. Consciente de que la presencia estadounidense en zonas densamente pobladas podría provocar problemas sociales y económicos, consideraba que sus tropas debían concentrarse en derrotar a las “unidades de la fuerza principal” mientras los aliados sudvietnamitas aseguraban y pacificaban a la población, de modo que entre agosto y septiembre, nada más llegar, destinó a 1.a División de Caballería a las Tierras Altas Centrales. El rumor de los helicópteros sobre el espeso bosque tropical y las densas praderas comenzó al mandar Kinnard a sus hombres hacia el oeste. Los combates en tierra fueron esporádicos pero intensos y parecía que, pese a las bajas, el enemigo mantenía la iniciativa. Eran los comandantes norvietnamitas quienes elegían cuándo plantar cara y cuándo perder contacto, pero al adentrarse la caballería aérea en las Tierras Altas Centrales, la batalla que a Westmoreland se le escurría, pronto se haría realidad.


   La doctrina de la aeromovilidad en Vietnam por James H. Willbanks (U.S. Army Command and General Staff College). Vietnam fue la “guerra de los helicópteros”, omnipresentes en todos los campos de batalla del país, tanto para trasladar a las tropas estadounidenses y sudvietnamitas al combate como para suministrar fuego de apoyo móvil, transportar suministros decisivos para los soldados sobre el terreno o evacuar a los heridos a instalaciones médicas. Estuvieron en todas partes –solo la 1.ª División de caballería contaba con más de 400 en su organigrama– y, aunque con el tiempo resultarían perfectos para la guerra en las selvas de Vietnam, aquel no fue el propósito inicial ni del helicóptero ni del ulterior desarrollo de la doctrina aeromóvil. Sin embargo estos, aunque habían sido creados para el campo de batalla de la era atómica, se convirtieron en la respuesta para enfrentarse al Viet Cong y al Ejército norvietnamita, pero se habían desarrollaron para el campo de batalla de la era atómica. A la larga, la movilidad aérea resultaría muy efectiva a nivel táctico, pero no podía ser un sustitutivo de una estrategia viable destinada a ganar los corazones y las mentes de la población rural vietnamita.


   Combate y potencia de fuego por Warren Wilkins (Center for Threat Awareness). Al tener que combatir contra una superpotencia militar, el Viet Cong y el EPVN se enfrentaron a una difícil elección: pegarse a las unidades de infantería norteamericanas para anular parte de su fuego de apoyo aéreo y artillero o adoptar una mayor distancia táctica y sufrir todos sus efectos; por lo general, sobrevivir era una alternativa franca e irrenunciable. El general Nguyen Chi Thanh, responsable hasta su muerte en 1967 de las actividades del Viet Cong en el sur, reconoció este extremo al ordenar a las fuerzas comunistas que se “agarraran al cinturón –de los norteamericanos– para combatirlos”. Enfrentado a un enemigo dispuesto a ello, el Ejército estadounidense trató de reconciliar la necesidad de fuego de apoyo con la de minimizar las bajas por fuego amigo. La infantería trabada en combates de proximidad podía pedirlo y asumir que a mayor proximidad, mayor riesgo; y los mandos de tierra en fuerte contacto podían optar, por supuesto, por no solicitarlo aunque en combates contra un enemigo numéricamente superior en condiciones tácticas desfavorables resultara funesto.


   Dudas emergentes. Los inicios del movimiento contra la guerra por George J. Veith. El debate sobre las políticas norteamericanas a lo largo de la Guerra de Vietnam sigue vigente hoy en día, con viejas discrepancias que siguen obsesionando a Estados Unidos mientras trata de obtener conclusiones del pasado conflicto que resulten útiles hoy para Irak o Afganistán. Una diferencia fundamental es que durante la Guerra de Vietnam hubo protestas masivas que condenaron la política norteamericana, mientras que esa clase de problema interno no acompaña al debate sobre Irak o Afganistán, que no provocan, en general, la convulsión moral que generó Vietnam. ¿Cuál es el motivo? En el caso de Vietnam, a los aspectos políticos se les sumó la eclosión en ese momento de una contracultura juvenil que cuestionaba las pautas sociales norteamericanas y que produjo un nivel de disidencia hoy ausente. Los primeros movimientos contra la guerra provinieron de pequeños grupos políticos de izquierdas implicados en la causa antinuclear y la lucha por los derechos civiles; de modo que entre 1963 y finales de 1964 las protestas contra la guerra fueron escasas y circunscritas fundamentalmente a organizaciones neomarxistas muy minoritarias, como la Liga de Resistentes a la Guerra (WRL, War Resisters League) y la Hermandad de la Reconciliación (Fellowship of Reconciliation), que no atrajeron demasiada atención mediática ni adhesión popular. En realidad, la mayor parte de las dudas iniciales sobre la idoneidad de la política norteamericana en el sudeste asiático partieron de los principales periódicos norteamericanos, como el New York Times o el Washington Post.


 Introduciendo el próximo número:

Stalingrado y los planes para la Operación Urano por David M. Glantz. Durante los meses previos a octubre, Stalin, Zhúkov y Vasilevski habían insistido en que sus fuerzas en la región de Stalingrado derrotaran y destruyeran al Sexto Ejército alemán rodeándolo con penetraciones superficiales desde las regiones de Kotluban y Beketovka, al noroeste y al sur de la ciudad respectivamente. Calificados como “la vieja solución”, estos envolvimientos cortos, con contingentes de entre tres y cinco ejércitos fallaron estrepitosamente en cuatro ocasiones y con muy graves pérdidas para los atacantes. A primeros de octubre el general Yeriómenko, comandante del Frente de Stalingrado, que se oponía enérgicamente a conducir otra previsible carnicería, sugirió, literalmente en la víspera de la quinta intentona, una nueva solución a este viejo problema. Basada en la debilidad de las fuerzas rumanas contrincantes, la “nueva solución” de Yeriómenko recomendaba rodear a todas las fuerzas del Eje en Stalingrado, para lo que proponía primero una operación de ruptura contra las fuerzas rumanas que defendían el Don en el noroeste de la ciudad y en la región de los lagos al sur y, posteriormente, una incursión a gran escala de los cuerpos de caballería, en cooperación con fuerzas mecanizadas, que se encontrarían en Kalach del Don, a la espalda del Sexto Ejército. El general Zhúkov, adjunto a Stalin en el Alto Mando Supremo, aceptó la idea de Yeriómenko de un envolvimiento más amplio y reforzó significativamente los contingentes adscritos para materializarla, dando lugar a lo que sería el plan de la Operación Urano.


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Re: [Revista] Desperta Ferro

Mensaje por Timoleon el Lun 24 Nov 2014, 17:23

Especial VI: La legión romana (I) – La República Media


Los orígenes del ejército de la República por Jeremy Armstrong (Universidad de Auckland). El desarrollo del ejército romano durante la temprana República es un tema excepcionalmente complejo que en los últimos años ha motivado un acalorado debate entre los especialistas. Las fuentes refieren que el ejército de Roma fue modificado en tiempos del rey Servio Tulio –hacia el siglo VI a. C.– para convertirlo en algo similar a la falange hoplita. Este modelo sería a su vez modificado a finales del siglo IV a. C. –en el curso de las Guerras Samnitas– para transformarlo en el ejército manipular. Los especialistas modernos cuestionan cada vez más este modelo, y en este indispensable y demoledor artículo el profesor Armstrong expone las últimas tendencias en investigación, que apuntan a que la presencia tanto de hoplitas como guerra hoplítica en Italia central son probablemente el producto de un “espejismo histórico”. Acompañan al artículo un mapa de Carlos de la Rocha y una espléndida y original ilustración de J. L García Morán que representa a un combatiente romano del siglo IV a. C., aquí parcialmente visible.


La legión según Polibio por Yann Le Bohec (Universidad París – La Sorbona). El afamado profesor Le Bohec describe en este artículo las características generales del ejército manipular, propio de la Roma de la República Media. Para ello emplea la que es nuestra fuente principal para su conocimiento: el historiador griego Polibio, quien conoció de primera mano el ejército romano del s. II a. C. merced a su estrecha vinculación a la familia de los Escipiones. Así, el reclutamiento, la organización, el armamento, el campamento, la marcha figuran entre las materias tratadas en este interesantísimo artículo, que nos permite atisbar, en pocas páginas, un panorama general del ejército del periodo. Se complementa este artículo con una detallada y muy didáctica ilustración –composición de Antonio Jesús Gil– que representa un tramo del ejército romano manipular, indicando la peculiar formación y organización interna de este modelo de ejército.


Ordenando el caos. Táctica de pequeñas unidades en el ejército romano republicano por Eduardo Kavanagh (Universidad Autónoma de Madrid). En los últimos años nuestro conocimiento de la dinámica de combate en la Roma republicana ha dado un vuelco sorprendente, con la incorporación de un modelo teórico nuevo que destaca el valor de los duelos de proyectiles, así como la independencia de las pequeñas unidades, lo que se traduce fundamentalmente en su capacidad para acometer asaltos sobre el enemigo de forma independiente, para luego regresar a la seguridad de sus propias líneas (“dynamic stand-off”). Se concluye, finalmente, que el combate romano republicano distingue tres fases bien diferenciadas, que son analizadas de forma individual en este artículo. Acompaña al mismo una ilustración de Antonio Jesús Gil (un detalle aquí visible) que representa una acción puntual (lat. impetus) acometida por una pequeña unidad romana.


La caballería de la Roma republicana por Jeremiah McCall. En el “universo romano” las batallas consistían fundamentalmente en choques entre formaciones de infantería pesada. Esto ha llevado a algunos autores a despreciar el papel de la caballería romana e itálica en el ejército de la República Media, considerándolo irrelevante. Pero no es así. Bien defendiendo los flancos o quebrando la moral del enemigo, la caballería legionaria se demostró muy eficaz, y contribuyó en más de una ocasión a la victoria. Este original y revelador artículo viene acompañado de dos soberbias ilustraciones de Pablo Outeiral que representan a jinetes romanos de los siglos III y II a. C. respectivamente (el primero de los cuales aquí visible).


¿Aficionados o profesionales? La cadena de mando por François Cadiou (Universidad de Burdeos Montaigne). Jerarquía y organización interna, mandos temporales, formación, son algunos de los temas tratados por el prof. Cadiou en este artículo, cuyo leitmotiv es el intento de respuesta a la pregunta de si los generales y oficiales del ejército romano republicano eran militares expertos y experimentados o, por el contrario, se trataba de aristócratas sin apenas formación ni voluntad de ello, tal y como la tradición historiográfica ha defendido hasta hace poco. Acompañan al mismo una ilustración de Ángel García Pinto que representa a un tribuno militar, así como un gráfico que muestra el esquema de mando de la legión de la República Media.


Las enseñanzas de la Segunda Guerra Púnica por Francisco Gracia Alonso (Universitat de Barcelona). La Segunda Guerra Púnica, unida en el tiempo a la Primera Guerra Macedónica, supuso la consolidación del poder hegemónico de Roma en el Mediterráneo al eliminar del tablero del juego político a su gran rival, Cartago. Roma había alcanzado el cénit del sistema político-militar republicano con su victoria en el conflicto, cuyas enseñanzas aplicó reiteradamente a lo largo de las guerras del siglo II a. C. Complementa el texto un mapa de la península itálica en el siglo III a. C., composición de Carlos de la Rocha.


El imperialismo romano ¿Bellum Iustum o pillaje agresivo? por Craige B. Champion (Universidad). El estudio del imperialismo romano se ha visto complicado por los orígenes y el desarrollo del propio término moderno de imperialismo. Los romanos contaban con un concepto de importancia central, el imperium, que básicamente significaba el poder para mandar y, por extensión, el área donde dicho mando podía ser ejercido. Las concepciones modernas de imperialismo se han elaborado sobre ese término latino, pero corren el riesgo de caer en anacronismos y distorsión histórica cuando son aplicadas para el mundo antiguo. Es por tanto necesario definir y delimitar qué entendemos por “imperialismo” cuando estudiamos el poder interestatal en Roma. A este interesantísimo artículo acompaña un mapa ¡de 4 páginas! que representa la expansión territorial de la República a lo largo del Mediterráneo durante el periodo republicano medio, composición de Carlos de la Rocha.


La logística de las legiones por Paul Erdkamp (Free University Brussels). Como escribió Polibio (I.13.11) sobre la Primera Guerra Púnica “es difícil encontrar otra guerra más prolongada que esta, con preparativos más completos por ambos bandos”. Polibio acertaba al ver en este conflicto el comienzo de una nueva era en lo que respecta a las dimensiones y duración del esfuerzo de guerra. El reto logístico que supusieron las dos Guerras Púnicas obligó a que Roma desarrollase los instrumentos que con enorme éxito emplearía después. Menos de un siglo después, la República podía mantener, casi sin esfuerzo, ejércitos mucho más grandes durante sus campañas en Grecia y Asia Menor. Acompaña una atractiva ilustración de Ángel García Pinto, con representación de dos legionarios romanos del periodo (un hastatus y un veles), así como un cronograma de evolución de ánforas en el Mediterráneo occidental.


Virtus y disciplina. La mente del soldado de la República Media por J.E. Lendon (University of Virginia). La particular mentalidad marcial de los romanos y su lejanía respecto a los principios de la guerra en el Mediterráneo helenístico, que dominaban el mundo en el que vivían –como también lejanos son respecto a nuestros propios principios militares–, se revela claramente cuando examinamos la reacción romana a la catástrofe que supuso la batalla de Cannas en 216 a. C. Los conceptos que dominaban la mentalidad militar romana, particularmente virtus y disciplina, son analizados por el autor en este fascinante artículo, que trata de explicar la otra mitad, intangible, de la razón del éxito de los ejércitos de Roma. En la imagen vemos un detalle de la portada de este número, composición de Radu Oltean, que representa a un general romano que alza victorioso, cual trofeo, el torques de un galo al que ha vencido. La explicación de esta escena y de su significado en el contexto romano republicano es expresada junto con este artículo.


Disciplina y entrenamiento por Fernando Quesada Sanz (Universidad Autónoma de Madrid). Para muchos estudiosos, académicos y aficionados, la imagen característica del ejército romano imperial es la de una fuerza espléndidamente entrenada y equipada, muy profesional, pero levantisca y propensa a motines y, eventualmente, a poner y quitar emperadores a voluntad. Por el contrario, la imagen que más ha calado del ejército republicano que conquistó Italia y el Mediterráneo entre los siglos IV y II a. C., es la de una fuerza homogénea, disciplinada e incluso monolítica, formada por duros y sufridos campesinos itálicos. El prof. Quesada muestra, en este artículo, que en lo referente a la República, esta imagen es incorrecta, y detalla con ejemplos que el ejército republicano tuvo su dosis de motines e indisciplina de la peor especie, la corrosiva. Acompaña al mismo una soberbia ilustración de Sandra Delgado que muestra a dos legionarios jugando a las tabas durante el asedio de la población celtibérica de Numancia, en compañía de una prostituta íbera.


Ius Belli. El derecho de guerra romano por Enrique García Riaza (Universidad de las Islas Baleares). La Roma republicana aplicó durante sus campañas exteriores un código de conducta militar que puede ser reconstruido por los historiadores a través de fuentes literarias y documentos epigráficos. Si bien es cierto que la regulación de la guerra constituye un rasgo común a muchos pueblos antiguos –como el griego o el cartaginés–, la inclinación del carácter romano hacia la normatividad hizo que tales pautas de comportamiento adquirieran en la República del Lacio un papel importante en la toma de decisión militar. Sin embargo, no hubo en Roma un código escrito que regulara explícitamente la praxis bélica. Lo que hoy denominamos convencionalmente como ius belli no era sino una costumbre, un derecho consuetudinario más o menos implícito. Como tal, fue susceptible de modulaciones e interpretaciones interesadas, y precisamente a causa de este rasgo fue evolucionando a medida que las élites romanas adquirieron mentalidad imperialista. En la imagen vemos un áureo romano que representa el sacrificio ritual de un lechón propio de una ceremonia de alianza (foedus), y en segundo plano un detalle del Bronce de Alcántara, documento arqueológico que sirvió como acta de una deditio o rendición de una población ante Roma.


Dulce et decorum est pro patria mori. El rostro de la batalla por Alberto Pérez Rubio (Universidad Autónoma de Madrid). Aunque el pionero trabajo del coronel Ardant du Picq, Études sur le combat ya intentaba analizar el comportamiento del soldado en combate, poniendo en paralelo la Antigüedad con la batalla moderna, sería más un siglo después la seminal obra de Keegan la que pusiera el foco sobre la experiencia individual en el campo de batalla. Desde entonces se han multiplicado los intentos por aprehender y explicar la vivencia del hombre en el combate. Más allá de la mecánica del combate en sí, con este texto Alberto Pérez trata de acercarnos a las motivaciones, los sentimientos y las sensaciones vividas por hombres que pelearon siglos atrás, pero cuya naturaleza era, a la postre, la misma que la nuestra. Acompañan al artículo tres espectaculares ilustraciones a doble página, obra de Francis Porcel, cada una de las cuales representa, respectivamente, los momentos iniciales de una batalla, la plenitud del mismo, y panorama tras la batalla. A través de estas tres ilustraciones el autor nos traslada, en una narración vibrante, a la experiencia personal del combatiente romano en cada uno de los distintos momentos de su experiencia militar.


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Timoleon
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